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EL MATE

Usted se preguntó alguna vez, ¿qué contaría un mate si pudiese hablar?

Tal vez contaría las historias más anecdóticas que uno se pueda imaginar. Desde el tiempo más remoto y precario, hasta la actualidad tan progresista y consumidora de todo lo necesario y hablando en todos los ámbitos, siempre está presente un mate.

Le preguntaríamos tantas cosas que tal vez, escribiríamos la historia más inédita que alguien pueda imaginar.

Pero entre mates de compañías, o solos en madrugadas oscuras y cerradas, tanto que hasta la luz se agacha para pasar por los costados de las columnas de un rancho viejo, en ocasiones que conocemos de pasar noches enteras cambiando las cebaduras para mantenernos firmes en nuestras obligaciones, o tal vez amistades interminables compartiendo las palabras que no se borrarían de la mente de los protagonistas, entre tantas cosas, le preguntaría si sabe alguna historia de jineteadas.

…Aquellas que quedaron grabadas solo en la mente de aquel que fue partícipe de la misma, el organizador o tal vez el gran amigo y consejero del jinete y por que no en la memoria del mate, que estuvo pasando de mano en mano y observando un panorama totalmente ajeno al que él pudiera participar de no ser escuchando solamente.

…Y, que al finalizar el día, te acompañó a Vos jinete, cuando llegaste a la estancia en tu zaino muy cansado, con un gran poncho de estrellas, sin que fuera tu destino ganar en la jineteada, por que goloso aquel pingo se pegó una costaleada. Te esperaba tu familia con un orgullo sincero, y a pesar del desconsuelo después de desensillar, la patrona con cariño ya te arrima el cimarrón y con su alma dispuesta a escuchar los comentarios, que si fueran un engaño hasta te perdonaría, porque seguro aquel día con mucha fe lo encaraste, y si salió mal confiaste en que hacías lo mejor.

Este relato es tuyo, y sabes lo que sentís, vos a nadie le mentís y si quieren escuchar, tendrás tanto pa´contar tal vez en la noche se harte, de humear aquella caldera y el mate será testigo tanto como tu mujer, que no por nada mi amigo la compañía más grande, es pa´l paisano la familia y su eterno amigo “El Mate”.

Patricio

EL RECADO

Te vi esa tarde tirado en suelo del galpón chico, el frío que congelaba el freno apoyado sobre tu espalda, te hacía tiritar y tu gran amigo “El Perro” que ya no se hecha más en el coginillo. Apoyado en el poste del medio del galponcito de techo e´ paja, parece que me pedís volver a ensillar el picazo, o tal vez el tostado, y te lleve a recorrer el potrero del 15, así al trotar distancias interminables, saciarías tu sed con el sudor amargo que hacen correr tus “caronas” hechas de lona blanca, aunque ya tiene un color atigrado de poco que las lavo, y ha juntado algunos pelos en donde tiene dobladas las puntas que sobresalían cuando la echamos por primera vez.

No fueron los momentos más lindos aquellos que fuimos a lo de “El negro Hilario”, te acordás el nombre del puesto, yo la lo tengo olvidado, pero en fin….. salíamos a las tres de la mañana y recorríamos cuatro leguas, atravesando praderas para los toros, chacras con vacas de cría, y unos montes tan cerrados como oscuros, que siguiendo el caminito de vaca al galope tendido, solo Dios manejaba el tordillo que montábamos por que ése si que era baqueano, de no, tal vez saldríamos devuelta en la puerta de entrada.

Y así con el aclarar, llegábamos al corral que parecía la olla más grande que humeara, cuando las pampas se levantaban y después de la estirada, orinaban sobre las bostas frescas provocando el olor característico de las mañanas de corral, el mismo que al atardecer nos acompañará a los dos, para el lado de la estancia.

Y ahí reunidos, toda la paisanada conversando sobre el pié de la manga, mientras un fuego bien colorado de ñandubay campana, calienta las cinco marcas que usaremos más tarde. Una caldera chica que trajeron en los tientos y el mate va uniendo la vuelta, de unos parados, sentados o agachados junto al fuego haciendo una herradura y en el medio de ella el cebador y, como yo me uno a ellos, para tu compañía te arrimo al panza blanca de Don Braulio y que te cuente el viejo, sus historias más remotas, sus días de sol y polvo que levantaba en el cuero, o saliendo de los montes con las espinas enredadas en el cuero de lana de oveja negra, si lo agarró el aguacero que no llegó hasta la estancia y para protegerlo desmontó en la tranquera de cimbra y dio vuelta el cuero para que el agua corriera y bajara por la cincha que juntaba todo su cuerpo.

Vas a estar entretenido, pero como ya sabes a mí me toca embretar y dentro de un rato nomás, te vengo a buscar pa´ que me ayudes en el pique, y hasta la hora de pegar un tajo, vamos a empujar hacienda, y entre gritos y silbidos las haremos desfilar, y una vez que hayan entrado, a la cola de la manga nos vamos a arrimar, para el humito aspirar y nos quede en la memoria como se huele una marca y tantos rodeos juntados, para que cuando charlemos los dos, nos tengan que hacer callar de tantas cosas vividas que serán una alcancía de recuerdos solo nuestros.

Ahora pal´ mediodía voy a tratar de ir ligero al paraíso del potrero donde están con los corderos humeando desde temprano, y te voy a echar hermano por que te lo mereces, recostado en el tronco con las caronas abiertas, a que te duermas la siesta y así puedas descansar, y pa´ la tarde arrancar devuelta con la tarea.

…Y ahora te tengo ahí olvidado en un rincón, como si fueras el asiento que más me ha maltratado, y al verte tan amargado con todo desparramado, en lágrimas e´ desollado tus esperanzas hermano, de que aquel niño paisano te lleve a la vida eterna, y vuelque un potro a la izquierda con vos bien acomodado y permitiendo solito que te apriete con las piernas en símbolo de esperanza, como se clava una lanza errándole a la carnada en medio e´ la tierra arada de aquel potrero, malaya.

Patricio